La etimología de Villamediana parece claramente latina y vendría a significar "Villa Mediana", es decir "Villa Intermedia". Los historiadores ratifican esta opinión de los filólogos señalando que este nombre que indica una situación en el espacio, vendría forzado por la existencia de un núcleo urbano, ya en épocas romanas, situado justo en la mitad del recorrido entre Varea y Alberite, por donde discurría la calzada romana que unía la importante ciudad de Vareia con la mítica Numancia. Es decir, parece lógico pensar que el orígen de Villamediana podría estar en una "villa" romana establecida sobre un ramal de la calzada romana que conducía hasta las altas tierras de la meseta castellana.

El nombre actual de Villamediana de Iregua deriva de varias voces: "Villa" es una de ellas y alude inequívocamente a que se trata de un núcleo poblacional. "Mediana" indica que se halla entre Alberite y Logroño, dos lugares, al parecer, anteriores a la Villamediana que hoy conocemos y de los que fue villa divisera.

"Ire" viene del campo semántico de "Ura", en euskera: agua. No hay que olvidar que el euskera nació en La Rioja, que los escritos más antiguos de esta lengua se hallaron en San Millán de la Cogolla, que los topónimos más antiguos de etimología euskera son localidades riojanas como Herramélluri, Ochánduri etc. y que en los Fueros de Alfonso Vlll se otorgó a la ciudad de Logroño, sus confines y proximidades, el derecho a que en los juicios hubiese un traductor de castellano; prueba de que, evidentemente, en La Rioja lo único que se hablaba entonces era el euskera.

De hecho la mismísima voz "Rioja", viene también del euskera: concretamente de "Erri" que significa tierra o lugar y "Jan" que significa comida y fertilidad: "Erri-Jan" "Errijan", "Errija", "Rioja": tierra de comida, valle fértil.

"Guad". La etimología facilona y sin afanes diría que la voz "guad", que en árabe significa: río, sería el sufijo del nombre del río: "Ure", "Ura" o "Ire" es el nombre y la desinencia "Guad" haría referencia al río. La traducción por tanto quedaría de una forma tan ñoña, simple y absurda como esto: río de agua. ¿De qué si no?.

Sin embargo, lo cierto es que en el valle en el que se encuentra nuestro pueblo, lo que hay es precisamente agua y mucha y por doquier. La hay en las fuentes, en los arroyos, en los torrentes, en los ríos, en los pozos, en las corrientes subterráneas... y, por otra parte, la influencia árabe tanto en Villamediana como en todo el Valle del Iregua y de los Cameros realmente fue muy escasa, por no decir simplemente nula; por eso es difícil pensar con lógica que teniendo ya dos lenguas, se hubiese esperado milenios hasta la invasión de los árabes y se necesite de esa voz para aludir a uno de los elementos más comunes y necesarios para la vida del ser humano, para determinar nuestro paisaje y que además es tan abundante y común aquí. Lo lógico es pensar que antes de la romanización se dijera en euskera: "Ura" o "Ure" o "Ire": agua y durante la romanización, en latín, "aqua": agua. El resultado de la superposición de las dos culturas es evidente: "Uraqua", "Urequa", "Irequa", "Iregua".

La arqueología también avala los orígenes del municipio, pues en los alrededores, en el "Alto de San Vicente y en el "Alto de la Morlaca", se han encontrado restos romanos como trozos de tégulas, terra sigillata, lucernas y enterramientos, demostrando un intensa romanización de toda esta comarca. Todavía no se han perdido topónimos tan sugerentes como "Valdelúbriga".

 
 
 
 
 
 

A mediados del siglo XI, Villamediana aparece ya con este mismo nombre en el testamento de la reina Dona Estefanía, viuda del rey García el de Nájera, que cede el pueblo, bajo la forma jurídica de Señorío de Realengo, a su hija Ermesinda El 19 de abril del año 1162 se firma en Jubera la donación del término de Ruete que hace D. Pedro Jimenez, Señor de los Cameros, a un monasterio, y un testigo es de Villamediana. Otro testigo en otra donación, natural de Villamediana, nos aparece el año 1187, cuando doña Aldonza, viuda del Conde Lope Díaz de Haro, Señor de Vizcaya, cede sus bienes localizados en Nalda.

 

Subiendo desde Logroño hacia Villamediana, a la izquierda, sobre la autopista, contemplaremos el cerro denominado de "Los Templarios", única prueba que conocemos de una leyenda transmitida de generación en generación, que sitúa por este pueblo un importante enclave de aquella misteriosa orden militar y religiosa, cuya fecha de nacimiento se remonta al año 1118. Si desea conocer más información sobre "Los Caballeros Templarios", pulse aquí.

 
 
 
 
 
 

La proximidad de Villamediana a Logroño y su carácter de aldea dependiente de esa ciudad, motivó constantes disputas entre ambas localidades. De hecho la historia de este pueblo puede explicarse como un lucha continua por afirmar su personalidad como pueblo independiente. El Archivo del Ayuntamiento de la capital riojana conserva los Libros de Actas en los que aparecen esos frecuentes pleitos con Villamediana, en la segunda mitad del siglo XVI.

Para acabar con las constantes disputas decidieron de común acuerdo redactar una Concordia en la que vendrían claramente especificados los límites jurisdiccionales, los derechos sobre aguas y pastos y los deberes de cada uno. Esta Concordia, firmada el 30 de diciembre del año 1597, puso fin momentáneamente a un largo rosario de enfrentamientos. Pero estos no acabaron y, pocos años mas tarde, Villamediana tuvo que pelear de nuevo para conseguir del rey Felipe IV una Real Cédula, firmada el 7 de abril del año 1653 que permitía a los alcaldes ordinarios que se nombraban cada año, jurar ante los que salían, sin tener necesidad de acudir a Logroño, lo que se venía considerando una humillación. En el año 1680 Villamediana consiguió por fin dejar de ser considerada aldea de Logroño para tomar el estatus de Villa, de "Villa por sí y siempre sí".

En el siglo XVIII la rivalidad entre estos dos municipios continuaba y las fiestas de septiembre en honor de Santa Eufemia solían acabar en peleas y alborotos, disputas que afortunadamente fueron perdiendo fuerza y el tiempo se encargó de eliminar todo resquicio de rencor para acabar todo juntos en la bodega compartiendo un buen plato de chuletas regadas con buen vino.

 
 
 
 
 
 

Actualmente es un tranquilo pueblo que mira hacia el futuro con entusiasmo a la vez que aumenta su población paulatinamente, gracias en parte a su cercanía y su excelente comunicación con la capital Logroño, enlace de multitud de destinos.