Según diversos historiadores y profesores universitarios medievalistas, al entrar las Cruzadas en Jerusalén, un grupo de nueve caballeros fueron encargados por el Rey de la Cruzada, Balduino, de proteger a los peregrinos que fueran a visitar los Santos Lugares y, en concreto el sepulcro de Jesucristo. No teniendo dónde albergarse, el Rey Balduino entregó a estos nueve Caballeros de Cristo el antiguo Templo de Salomón. Este es el origen de lo que iba a ser una de las Órdenes más importantes de la cristiandad medieval: Los Caballeros Templarios.

Los Caballeros Templarios eran monjes regulares de una regla severísima; pero, al mismo tiempo, fueron los guerreros encargados de defender de sus enemigos a la cristiandad tanto con sus profundísimos conocimientos como, si fuere preciso; y de hecho lo fue, con la espada.

Los Caballeros Templarios encontraron en las criptas del Antiguo Templo de Salomón diversos tesoros de los cuales los más importantes fueron aquellos que les acercaron a ámbitos de saberes profundos y que, de hecho, les adelantaría en varios siglos a su época.

Algunos investigadores, García Tienza entre otros, han propuesto que lo que encontraron los Caballeros Templarios en la Cripta del Templo de Salomón fueron las reliquias sagradas de los judíos anteriores a la huida precipitada provocada por la diáspora: el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés en el Monte Sinaí, todo el conocimiento matemático y arquitectónico de los egipcios que fue legado a José, el hijo de Jacob, quien, primero fue vendido como esclavo a los egipcios y más tarde llegaría a ser el Gran Visir del Faraón y protegido de la Faraona Nefertari; y, finalmente, los Templarios hallaron en aquella cripta todo el hondo conocimiento de la cábala judía.

Lo que es indudablemente cierto es que los Frades Templarios se adelantaron en el orden de los conocimientos y de los hondos saberes ocultos a su época. A ellos se debe la invención y la difusión de la letra de cambio, la proyección de rutas seguras, muchísimos avances matemáticos y médicos, la construcción de las grandes catedrales góticas, el trazado de las bóvedas de crucería, la transparencia cristalina de la luz en los vanos y en las vidrieras y, sobre todo, la elección de los emplazamientos.

La selección de los emplazamientos templarios se hizo teniendo en cuenta el flujo de las corrientes de aguas subterráneas, las capas freáticas, las fuerzas telúricas y geofísicas, la composición del suelo, la vegetación, los manantiales naturales, el nivel de magnetismo, la orografía del terreno, la geobiología, la orientación respecto a Jerusalén, la Vía Láctea y al levante, los pasillos del viento y las fuerzas de energía positiva.

En el emplazamiento de la actual avenida villametrense de los Caballeros Templarios y, en concreto, en la actual ubicación de las casas más altas de la urbanización hoy llamada "Jardines del Iregua" de Villamediana es donde estuvo la cripta del asentamiento templario y unos metros más abajo de la misma calle, su necrópolis bajomedieval. Es fácil comprobar aún hoy en día que el lugar reúne las características siguientes:

Es un pasillo natural de aire en el que constantemente está fluyendo una brisa limpia.

La proyección del trazado de esta calle coincide actualmente con uno de los pasillos aéreos más importantes de Europa. Dato muy curioso si se piensa que en la época de las Cruzadas no existía la navegación aérea.

Marca el punto de inflexión del vértice entre las cuencas subterráneas de los ríos Ebro, Iregua, Leza, Jubera y el flujo subterráneo del arroyo Badillos.

La comarca está copiosamente surcada en su interior de diversos manantiales y venas acuíferas, de las que, quizás, la más conocida en el pueblo es la fuente Ompedera cuyo manar y temperatura es sorprendentemente constante tanto en invierno como en verano.

Está en el punto de inflexión de las estribaciones del pasillo natural del cañón del Jubera, los Cameros Viejos y los Cameros Nuevos hacia el Valle del Ebro.

Es vértice de tres montes que se ven a simple vista: el monte más alto de La Rioja: El San Lorenzo, esa cúspide de viejas tradiciones solares celtas y beronas que durante tantos meses al año está hermosamente nevada; Clavijo, con su profusa historia y el viejo castillo medieval custodiando la entrada sur de dos valles, el del Iregua y el del Ebro; y, por fin, el León Dormido con su extraño parecido a la Esfinge de Gizé que, curiosamente, está enfocado paralelo a la vía láctea y que, mirando hacia Compostela, semeja un guardián de piedra de las piedras de la Ruta Jacobea.

Está en el paso natural de San Prudencio a San Millán de la Cogolla, los dos monasterios medievales más representativos en el orden de los conocimientos de la Catedral de Calahorra cuya diócesis, en aquella época, abarcaba las actuales provincias de La Rioja, Navarra, Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Cantabria. No hay que olvidar que la ciudad de Santander fue fundada por pioneros riojanos y le dieron por nombre el del patrón de su catedral calagurritana: San Emeterio: "San-Emeter", "Sanemeter": Santander. Siglos más tarde, otros riojanos amantes también de su tierra, fundarían en Argentina, La Rioja transatlántica.

Esta ubicación templaria villametrense es igualmente villa mediana entre la antigua Corte del Reino de Nájera y Pamplona respecto al bajomedieval Reino de Viguera.

Está en el punto de inflexión de las estribaciones de los Cameros Viejos, Los Cameros Nuevos, El Valle del Iregua, el Valle del Leza, el cañón del Jubera, el Valle del Ebro y el monte Laturce, esa soberbia cumbre en cuyos cantiles hoy anidan las águilas imperiales y que tuvo tantísima importancia en la historia medieval del reino de Navarra con aquel personaje riojano tan vinculado a la Catedral calagurritana y al monte Laturce: San Funes cuyas reliquias guárdanse en la Catedral de la Redonda de Logroño.

Está equidistante de dos de los emplazamientos templarios más importantes de la Orden de estos Caballeros de Cristo: el de Ucero y el de Eunate y es el paso natural que los une.

Es sabido el mor que tuvieron los Templarios por el Camino de Santiago. Desde este emplazamiento villametrense podían controlar el vado del Ebro desde las estribaciones de la Sierra de Codés hasta el emplazamiento monástico militar y hospital de peregrinos que fue la antigua ermita de San Juan de Acre en Navarrete.

El escudo de Villamediana presenta inequívocamente la cruz templaria en uno de los campos.

Seguramente uno de los puntos de energías positivas más altas de estas tierras sea precisamente la ubicación de estas casas villametrenses que constituyeron el antiguo emplazamiento templario que da nombre a esta hermosa avenida de la feraz localidad riojana que invita día y noche al ameno y sosegado paseo relajante donde no es difícil para las finas sensibilidades saborear sintiendo los ecos de una historia riquísima y percibir ... acaso, ¿otras dimensiones?